Una navidad diferente

Navidad, nochevieja, reyes,… Fechas en las cuáles la mayoría de personas de la sociedad occidental nos reunimos con nuestros familiares y amigos para celebrar estos días con comidas, cenas, fiestas y regalos. Nuestros seres queridos, abundante comida y bebida, regalos para Papá Noel y para Reyes, nada nos falta. Los niños y los no tan niños juegan, ríen, bailan, disfrutan,… todos parecen felices. ¿Parecen o son felices?

dagsdDurante varios días estoy reflexionando sobre el papel que pintan estos días en nuestra cultura. En teoría, estas fechas son para disfrutar y celebrar. Pero… ¿y el estrés que conlleva para miles de personas tanto comprar, preparar, cocinar y limpiar, entre otras cosas? ¿y las personas que no tienen un techo para refugiarse del frio del duro invierno? ¿y la gente que no tiene familia para celebrar y compartir? ¿y los padres castigados por esta dura crisis que no pueden comprar un regalo para sus hijos e intentan hacer lo imposible? Podríamos seguir preguntándonos miles de cuestiones.

Con este artículo no pretendo cuestionar ni criticar estas festividades. Al contrario, es mi época preferida, las calles se llenan de luces, la gente parece más feliz, te reúnes con tu familia y tus amigos,… Todo son celebraciones, y eso a la mayoría, nos encanta. Nace la ilusión y la felicidad al ver los ojos de los niños cuando están viendo la cabalgata de los Reyes Magos o cuando abren sus regalos (los no tan niños también, entre las cuales me incluyo). Pero me pregunto… ¿esta felicidad que parece embargarnos durante estos días refleja como realmente nos sentimos de manera estable en el tiempo o es una pura fachada o apariencia creada por estas festividades?

A la mayoría de las personas a pesar del esfuerzo económico y del estrés que conlleva preparar todo lo relacionado con estas fechas, nos encanta celebrar la navidad. Y en cierto modo, supongo que las personas parecemos más felices independientemente de la situación de cada uno. Pero como he dicho, esto solo es aplicable a una cierta población.

Durante este fin de semana he visto programas y películas relacionadas con gente sin recursos o personas que lo tenían todo y se han quedado sin nada (muy habitual durante este período de crisis y cada vez más). Y me pregunté: ¿y si fuera yo esa persona que no tiene para comer? ¿y si no tuviera un techo donde dormir? ¿y si estuviera sola en el mundo sin nadie con quien compartir estas fechas? Las personas que se encuentran en esta situación, la navidad queda en un segundo plano, nochevieja significa otro año más en el cual intentar sobrevivir y reyes no tiene ningún significado. Para ellos cualquier día son reyes, cuando alguien se acerca y les da un bocadillo o cuando alguien pasa por su lado y le da unos cuantos céntimos. Lo único que piensan es cuando podrán conseguir su próxima comida, cuando mejorará su situación o cuando será el día en que mueran y dejen de sufrir.

Después de unos cuantos días de compras frenéticas y de unos cuantos años viviendo en una ciudad observé fgadcomo la mayoría de la gente corría entre tienda y tienda para comprar, mientras en la misma puerta o en la calle había gente tirada en el suelo pidiendo una limosna. La mayoría de la gente pasa impasible con sus preocupaciones sin ni siquiera mirar quién es la persona que hay ahí. El siguiente podríamos ser nosotros. Como suele decirme una amiga, “de torres más altas han caído”.

Todo ello me lleva a plantear lo siguiente. Es cierto que todo lo que poseemos  nos llena de satisfacción, forma nuestra identidad y en cierto modo nuestra forma de ser. Pero…¿no seríamos más felices si compartiéramos con los que no tienen ni para comer? Y más aún, en las fechas en las que nos encontramos ¿no sentiríamos más satisfacción dando a los demás?

Aquí os dejo un capítulo que emitieron la semana pasada de Callejeros: “Buenos corazones”. http://www.mitele.es/programas-tv/callejeros/

Mª Pilar Ferre Ribera