TDA-H: Entender su realidad.

Desde que se describió por primera vez en 1902 el TDA-H ha recibido incesantes nombres (déficit en el control moral, disfunción cerebral mínima, trastorno hipercinético, etc.); actualmente en desuso, debido a una inadecuada descripción del trastorno, ya que solo se refiere a uno de sus signos, quizás el más observable. En los sistemas diagnósticos actuales (DSM-IV y CIE-10) recibe la etiqueta diagnóstica de Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad. En sí el trastorno principal es el de Déficit de Atención, pero hoy nos centraremos en el subtipo combinado (inatención e impulsividad).

La causa es desconocida, pero lo que sí que sabemos es que se trata de un trastorno multifactorial y heterogéneo, por lo que resulta complicado establecer una única causa. Existe una interacción genética vs. ambiente. Existen múltiples evidencias de que se trata de un trastorno neurobiológico, con alta heredabilidad genética junto a unas pautas familiares disfuncionales. Lo cual no significa que los padres sean los culpables, si no que se conjuga el diagnóstico tardío junto al poco entendimiento por parte de los padres y educadores sobre qué es lo que le ocurre al niño. Socialmente suele confundirse con problemas antisociales o desafiantes de la conducta, por lo que el trato que reciben no es el adecuado.índice

Suele diagnosticarse en la infancia, sobre los 7 años, aunque existe una amplia variabilidad. Incluso algunas personas no son diagnosticadas nunca. Se trata de un trastorno del comportamiento de inicio en la infancia y en desarrollo durante toda la vida, aunque al avanzar en las etapas evolutivas los síntomas van cesando en su intensidad. Suele hablarse de una prevalencia del 8% de la población. Algunos estudios llegan a afirmar que casi dos de cada treinta alumnos podrían estar padeciendo el trastorno. Son tasas significativamente altas, lo cual significa, que muchas familias y profesionales de la educación podrían encontrarse ante un niño con TDA-H. Además es más característico en niños que en niñas (casi el doble).

Es relativamente imposible definir la conducta individual de cada uno de ellos. Sin embargo, existen signos clínicos característicos de dicho trastorno. El primero de ellos radica en la dificultad para mantener la atención y la concentración, el cual se manifiesta en: no prestar atención a los detalles o descuidarse en las tareas escolares,  dificultad en mantener la atención en tareas o juegos, parece que no escucha cuando le hablan, no termina sus tareas o sus obligaciones y tiene dificultades en organizarlas, rechaza las tareas que requieren esfuerzo mental continuado, pierde objetos frecuentemente (sobretodo material escolar), se distrae fácilmente con estímulos externos, auditivos o visuales y es olvidadizo con las actividades diarias.

Por otro lado, la hiperactividad se caracteriza por:   incapacidad de estar quieto corporalmente (manos, pies,..), se levanta cuando está sentado en clase o comiendo, corre y salta en situaciones inapropiadas, le cuesta mucho jugar tranquilamente, parece que vaya acelerado todo el tiempo, no respeta los turnos de palabra, habla excesivamente, responde antes de acabar las preguntas, interfiere en las conversaciones o los juegos de los demás,…

Dichos síntomas deben estar presentes en niños de más de 6 años, durante al menos 6 meses, en dos situaciones diferentes (por ejemplo, familia y colegio) y no ser causados por otra enfermedad. Para que un niño sea diagnosticado de dicho trastorno debe cumplir al menos 6 síntomas de los explicitados de déficit de atención y 6 síntomas de hiperactividad.

Ligado a los criterios diagnósticos anteriormente explicados se une una disminución de la autoestima y del autoconcepto sobretodo académico. Las relaciones interpersonales siempre son importantes para todas las personas, pero en este caso en particular, las relaciones con el grupo de iguales, la familia y el ámbito escolar son claves para el desarrollo del niño con TDA-H. Un diagnóstico a tiempo siempre facilita la integración. Cuando no se conoce el diagnóstico, en la familia y en la escuela, es tratado como un niño con imagesmala conducta, el cual desestructura toda la clase, intenta llamar la atención de los demás, no se relaciona bien con los demás compañeros, es impulsivo, incluso agresivo, fracasa escolarmente, hace perder los nervios de padres y profesores, y un largo etcétera. Todo este comportamiento provoca que el niño se sienta rechazado, siente que no puede ser como él desea, que todo lo que haga (sin mala intención) es negativo para los demás, siente que siempre le están regañando y criticando, que nadie lo entiende. En el ámbito escolar en muchas ocasiones, es expulsado o colocado en una determinada posición en el aula para no molestar al resto de compañeros, lo cual contribuye al rechazo y a dificultar la atención en el aula. Todo ello repercute en que el niño no se sienta querido, aceptado y comprendido por los otros, lo cual merma sobre su autoestima y puede desencadenar en estados o trastornos depresivos infantiles que agraven más el cuadro clínico y redunden en su desarrollo en etapas evolutivas posteriores.

Un vídeo que me parece oportuno aportar a este artículo es el siguiente:

http://www.youtube.com/watch?v=UXIUxTCAlfM

En cuanto al tratamiento del TDA-H hay que tener en cuenta que es farmacológico combinado con terapia cognitivo-conductual. En muy casos los pacientes únicamente reciben tratamiento farmacológico, lo cual es un error. Se debe armonizar con terapia cognitivo-conductual, para así poder enseñar a los niños habilidades sociales, auto-control, auto-gratificación retardada, estrategias destinadas a captar y mantener la atención, solución de problemas interpersonales,  entrenamiento en auto-instrucciones,… Y lo que resulta más importante: que los padres aprendan a aprender cómo tratar y relacionarse con su hijo.

 Los fármacos utilizados actualmente son, paradójicamente, psicoestimulantes, los cuales tienen un efecto positivo sobre el nivel de activación cerebral, aumentando la actividad de la sinapsis catecolaminérgica en el cerebro, y tienen a la vez acción dopaminérgica (ayuda a mantener el foco de atención) y noradrenérgica (ayuda a controlar el comportamiento agresivo y antisocial).

Como conclusión, diremos que el TDA-H es un problema genérico de falta de autocontrol con amplias repercusiones en su desarrollo, en su capacidad de aprendizaje y en su ajuste social. Por ello, somos los familiares, la escuela y el entorno más próximo quienes tenemos que hacer un esfuerzo en entenderlos, en comprender su realidad, en apoyarles, en quererlos, en aprender con ellos y sobretodo, en tratarles como lo que son: un niño.

“La comprensión es la base de la aceptación”.

MªPilar Ferre Ribera