Fantasías sexuales: Un enfoque diferente

Empecemos el artículo de hoy con unas interesantes estadísticas que a muchos os aliviará conocer: Prácticamente el 100% de la población tiene fantasías sexuales (durante la masturbación, la relación sexual o simplemente “soñando despiertos”). Y no necesariamente son con la pareja, ¡no seamos ingenuos! Además, según una encuesta realizada en EEUU, el 89% de las mujeres y el 95% de los hombres se han masturbado al menos en alguna ocasión.

Por no engañar a nadie diré que no me ha resultado sencillo encontrar datos fiables acerca de los hábitos sexuales (y menos en población española), y que he visto otros porcentajes menos generosos. ¿Y por qué me he quedado con éstos? ¡No por capricho! (que también…), sino por ser más acordes a los resultados de los estudios realizados por Kinsey hace ya más de 60 años, de los que ahora hablaremos. Seguramente la variabilidad que comento entre resultados radica en cómo se formuló la pregunta al encuestado. No es lo mismo preguntar: “¿Te has masturbado alguna vez en la vida?” que: “¿Te masturbas habitualmente?”. Evidentemente los resultados serán diferentes.

Alfred KinseyHablemos ahora del pionero en el estudio del comportamiento sexual, Alfred C. Kinsey, quien ya por los años 40-50 empezó a interesarse por estas conductas tan poco visibles hasta entonces, llegando a entrevistar a 18.000 individuos de ambos sexos acerca de todo lo relacionado con su vida sexual. Su exhaustiva investigación tuvo tanta repercusión en la sociedad que llegó a ser acusado por la “derecha religiosa” de EEUU de ser responsable de la revolución sexual que llegó a su máximo apogeo en los años 60 y 70. En realidad, él simplemente hizo visibles las conductas y orientaciones sexuales que se habían mantenido durante siglos en secreto. Su contribución fue decisiva para que el sexo dejara de ser un tema tabú, además de ayudar a la desestigmatizacion de la homosexualidad.

Y respecto a las estadísticas que nos dejó Kinsey: En sus dos libros publicados “Comportamiento sexual en el Hombre” y “Comportamiento sexual en la Mujer”, en los que expone los resultados de sus investigaciones, se puede leer que el 92% de los hombres informaron de que se masturbaban, al igual que el 62% de las mujeres. En cuanto a las fantasías sexuales, el 84% de los hombres y el 69% de las mujeres indicaron tenerlas. Realmente son unas cifras muy altas teniendo en cuenta las connotaciones que tenía reconocer algo así en aquella época, en especial en el sexo femenino. Si hace ya más de 60 años se recogieron estos datos… ¿no os parece que podrían ser bastante cercanas a la realidad las cifras que he expuesto al principio?

Llegados a este punto podemos concluir que fantasear y masturbarse (entre muchas otras conductas sexuales) son actos comunes a la abrumadora mayoría de la población. Somos más similares en esto a cualquier otro ser humano de lo que lo somos en muchos otros comportamientos, costumbres, gustos o aficiones. Entonces, si parece que es algo que surge de manera natural y espontánea en casi todos los individuos… ¿Por qué seguimos viéndolo como algo de lo que avergonzarse?, ¿por qué tantas personas desaprueban que su pareja se masturbe?, ¿y que tenga fantasías con otras personas?, ¿por qué son temas de los que se suele evitar hablar? Es más, debería ser al revés y utilizarse como un “tema comodín” cuando no sabes de qué hablar con alguien, por ejemplo en el ascensor, así eliminaríamos de una vez por todas el desquiciante hábito de dialogar sobre el tiempo, ¡seguro que todos tendríamos algo que aportar!

Así que desde Descubre la Psicología vamos a poner nuestro granito de arena para el cambio de mentalidad rompiendo algunas falsas creencias muy arraigadas en la “sabiduría” popular:

  • Las fantasías aparecen en personas con problemas sexuales. ¡Falso! En la actualidad la comunidad psicológica acepta que las fantasías sexuales no son la manifestación de un problema, sino que su presencia puede ser un indicador de salud sexual, ya que, entre otras cosas,FANTASÍA ayudan a mantener una mejor vida de pareja al favorecer el deseo sexual. Más bien es la ausencia de éstas la que está asociada a distintos trastornos sexuales. Incluso se concluyó en un estudio que las mujeres que tenían más fantasías eran las que disfrutaban de una vida sexual más plena, tenían más orgasmos y se mostraban más satisfechas. Aunque hay que decir que determinados tipos de fantasías sí podrían adquirir un carácter de disfuncionalidad sobre la salud sexual (por ejemplo las fantasías sadomasoquistas).
  • Tener una fantasía significa querer hacerla realidad. ¡Incorrecto! A veces fantaseamos con cosas que nos gustaría vivir en la realidad, pero no siempre. Las fantasías sexuales no necesariamente llevan implícito el deseo de llevarlas a cabo. De hecho, muchas veces se fantasea con situaciones opuestas a la orientación sexual (fantasías homosexuales en caso de ser heterosexual, por ejemplo), las creencias o la escala de valores propios. Que un hombre imagine que obliga a una mujer a tener sexo no significa que lo vaya a hacer en la vida real. Además, al hacerlas realidad se pueden experimentar sensaciones frustrantes, decepcionantes o incluso traumáticas.
  • Las fantasías sexuales son exclusivas de personas sin relaciones sexuales o insatisfechas con su vida sexual. ¡Nada más lejos de la realidad! Como ya hemos dicho antes la mayoría de las personas fantaseamos de forma natural, por muy contentos que estemos con nuestra realidad sexual. Lo que sí es cierto es que frecuentemente se generan sentimientos de culpabilidad  debido a enseñanzas religiosas o mensajes implícitos en nuestra cultura. Ese es el motivo que nos impide disfrutar de nuestra imaginación libremente.
  • Una persona que mantiene relaciones sexuales frecuentemente no necesita de la masturbación. ¡De nuevo falso! Está muy extendida la creencia de que el deseo de masturbarse desaparece cuando uno forma pareja o cuando tiene una vida sexual suficientemente activa. Sin embargo la masturbación es una práctica sexual independiente de tener pareja. Las ganas de darse placer a uno mismo no desaparecen por tener a alguien con quien saciar el apetito sexual, aunque cada persona es un mundo y es bueno aprender a conocerse y saber así las propias necesidades.

Por lo tanto, para disfrutar plenamente de nuestra sexualidad, el primer paso es conseguir deshacernos de estas creencias erróneas que nos hacen sentir culpables.

Próximamente publicaremos otro artículo sobre cómo mejorar la vida en pareja gracias a las fantasías sexuales y una mente abierta a cambios y novedades.

Y, por cierto… nos gustaría saber vuestra opinión acerca de este tema tan controvertido, ¿qué pensáis?

Amparo Puche García